AL OTRO LADO: MEXICO Y GUATEMALA

REPORTAJE DE ALEX PUIG

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BIOGRAFIA

Periodista, fotógrafo y realizador audiovisual, Alex Puig conduce su estilo visual retratando movimientos sociales y culturales, así como realidades evitadas por los grandes medios de comunicación. Especialista en cine documental, ha codirigido el cortometraje "Entre Huellas" [F.Málaga, Zinebi] y "La última paja: retrato de una sentencia", además de múltiples reportajes fotográficos y otras producciones documentales.

Promotor del proyecto audiovisual "Panot Films", colabora con asociaciones, instituciones y organizaciones sociales para difundir la labor humanitaria que realizan. Fotografía y narración para la transformación social.

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AL OTRO LADO: Guatemala, las secuelas del conflicto

A pesar de ser uno de los países más prósperos de Centroamérica, en Guatemala siete de cada diez personas dependen del trabajo informal para subsistir. Con uno de los índices de desigualdad más elevados del mundo, un 60% de su población viviendo en la pobreza crónica, y una mala distribución de la riqueza entre sus habitantes, el país afronta un problema de lo más extremo: la hambruna.

 

Según datos de UNICEF, en Guatemala, uno de cada dos niños pasa hambre. Una pobreza que se manifiesta sobre todo en las comunidades indígenas y rurales, ensañándose especialmente con las mujeres, las cuales sufren la desigualdad por partida doble. Y es que la herencia de la guerra civil guatemalteca sigue latente en el país. A pesar de representar el 41% de la población local, las comunidades indígenas, masacradas durante la dictadura, siguen recuperándose de un de un conflicto armado que se saldó́ con la vida de más de 200.000 personas, 45.000 desapariciones y un sinfín de atrocidades -perpetradas principalmente por el ejército del país. Un hecho que, a día de hoy, aún retumba con fuerza en la memoria colectiva de Guatemala.

Los inicios del conflicto se remontan a los años 50, durante el gobierno de Jacobo Árbenz del Partido Acción Revolucionaria. Arbenz, buscando terminar con el expolio de las tierras de Guatemala a través de grandes empresas como la estadounidense United Fruit Company, promovió el Decreto

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900. Una reforma agraria para regular los oligopolios, expropiar latifundios, terminar con los beneficios fiscales y, en definitiva, devolver la soberanía comercial a los campesinos locales.

 

Estados Unidos, siguiendo su estrategia habitual, instigó a la oposición y al ejército para dar un golpe de estado, hacerse con el poder y recuperar así el control de las tierras de la UFC. Un golpe que acabó llegando dos años más tarde, en 1954, cuando el coronel Carlos Castillo Armas, apoyado por el ejército y la CIA, se hizo con el poder. Así empezó una sangrienta guerra civil que se alargó por 36 años abriendo una brecha casi irreparable en el país.

Asesinatos, torturas, desapariciones y un genocidio que acabó con la vida de más de 40.000 personas -principalmente indígenas de la etnia Ixil, descendientes directos de los Maya- como resultado de un descontrol del ejército y el racismo hacia las comunidades indígenas. No fue hasta el año 1996 cuando se firmaron unos acuerdos

de paz que, a día de hoy, siguen en la cuerda floja. Más allá de eso, se estima que entre 1983 y 2007, más de 30.000 niñas y niños fueron arrebatados y entregados en adopción a famílias de países como Estados Unidos, Canadá y Europa.

 

A pesar de las promesas y los compromisos firmados en el tratado, las reparaciones a las víctimas no llegan y es que aún hay más de 45.000 desaparecidos, según Amnistía Internacional

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AL OTRO LADO: Oaxaca - México, a pie de calle

Es viernes y en la avenida principal de la playa de Puerto Angelito no cabe un alfiler. Es de noche y hace un calor sofocante. Aun así, el bochorno de este caluroso día de febrero no le impide a la virgen salir a pasear en la parte trasera de una camioneta. En México, un 78% de la población es católica. Eso significa que prácticamente 98 millones de personas practican dicha religión, siendo el segundo país con más adeptos después de Brasil. Vayas donde vayas, siempre habrá algún santo representado de la manera más variopinta posible.

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Bajo el sol, el día transcurre lento y en la playa, familias enteras -mayormente mexicanas-caminan en busca de una sombra. De fondo, el canto de los vendedores ambulantes que recorren la playa ofreciendo todo tipo de manjares se mezcla con el de las rolas de las palapas y chiringuitos. En el mar, un sinfín de barcas con el aforo completo invaden el litoral. Algunas apenas flotan, pero sea como sea, en ninguna falta el ingrediente principal de un viernes: la cerveza.

 

Llega el domingo, día de mercado. Ya desde los tiempos prehispánicos, el concepto de mercado ha sido un pilar fundamental para el comercio en países como México. Antes conocidos como tianguis -mercados al aire libre- estos espacios evolucionaron en mercados municipales los cuales, gestionados por los gobiernos locales, acabaron convirtiéndose en bulliciosos laberintos de sabores, olores, colores y, en definitiva, experiencias repletas de significado. Desde siempre, estos puntos de cohesión han sido el centro de unión entre comunidades -principalmente indígenas- donde comerciar, compartir y establecer nuevos vínculos. No obstante, buscarse la vida en estos lugares puede resultar de lo más agotador, pues la competencia no es poca.

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Y en donde hay mercados, siempre se acercan los perros. Sobre todo, en México. Y es que este país ama a los perros. Según cifras oficiales, se estima que hay entre 40 y 70 millones de perros repartidos por todo el territorio. Este gran volumen de “firulais” ha convertido a México en el país con más perros de América Latina y el primero en el ranquin mundial de perros callejeros. Hay tantos chuchos que han llegado a ser considerados una especie invasora al ser depredadores directos de animales protegidos o en peligro de extinción. Toda una sociedad oculta que, con sus respectivas jerarquías, ha conseguido imponer su dominio en las calles. Y es que la realidad de verse perseguido por una jauría de perros de todos los tamaños supone, ahora mismo, un peligro real.

Son las 13:00 en la capital de Oaxaca. Cerca, en el zócalo, un mitin político está a punto de empezar. A su lado, una acampada organizada por asociaciones como la UACOL -la cual congrega a comerciantes, campesinos y comunidades indígenas de la zonacumple su cuarto año consecutivo exigiendo respeto, justicia y libertad.

 

A pesar del ambiente festivo, las razones de dicho asentamiento se alejan de cualquier celebración; una matanza de 15 indígenas Ikoots por una disputa territorial -los del PRI pretendían acabar con su territorio sagrado- quedó totalmente impune. Su reclamo también incluye la libertad de los líderes encarcelados por sus reivindicaciones contrarias a los intereses económicos del estado. Represalias clasistas y asesinatos racistas. Y es que no todas las matanzas en México están ligadas al narcotráfico.

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A dos calles, un desfile celebra la unión de una pareja de extranjeros con bailes tradicionales, una orquesta de estilo oaxaqueño y una larga cola de turistas curiosos que se unen a su paso. A medio camino, un perro bloquea un cruce sin miramientos. Quizás sea por el respeto hacia la comunidad canina o por miedo a posibles represalias, pero lo que está claro es que nadie osa interrumpir su siesta. Por mucho que estorbe. De fondo, Emiliano Zapata sigue ahí, atento, celebrando su centenario en un mural.

 

No obstante, la mayoría de pintadas que invaden los muros del centro distan de cualquier celebración. Algunas denuncian los constantes feminicidios que se producen anualmente (más de 3000 en 2021) en México. Otras reclaman a sus desaparecidos, el fin de la corrupción o la libertad para líderes políticos, entre otras. Al fin y al cabo, todas exigen justicia en un país donde el 95% de los crímenes -según la organización México Evalúa - quedan sin resolver.

 

Un país de contrastes. De tragedias y alegrías. En dónde la gente a duras penas vive, pero que siguen en una lucha constante por garantizar sus derechos fundamentales. Un país con un sinfín de retos por resolver pero que, a pesar de sus incontables penas, vive el día a día con alegría, tradición y una cultura tan mixta como milenaria

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